Ficus carica

Acomodo la propia calma al ritmo de la ciudad, respiro al compás del tráfico, que se asoma a las ventanas abiertas con trino fastidioso y hostil, el aire de los motores.

Transito cotidianamente la ruta de alquitrán: Es importante la velocidad es fundamental la prisa, deslizarse por el asfalto azabache y brillante de betún. Voy del punto de partida al lugar de destino para ser la turba que brega, agota energía y tiempo, para ganar un jornal.

Volvería al campo y a las huertas, los ríos y los arroyos. Apreciaría la tierra para ser de nuevo de los bosques y las dehesas, para reconciliarme con el verde radiante, con el aire limpio.

Si la sombra y la negrura de la urbe resguardan el firmamento a modo de un destino fatal e inevitable como la fuerza de la gravedad, la vejez o la muerte ¿Qué deseos, qué esperanzas tendré sentada bajo cualquier árbol en la serenidad y el silencio?

Luz sobre una vieja roca

Esta vieja roca sostiene la existencia llevando sobre sí piedras que mantienen, de manera temporal, consciencia que, muchas veces, desea ser acallada. Tierra y piedras que destierran de sí parte de su pensar, parte de su sentir .

Despertar, huir, despertar.

Soñar vivir en un estado de sedación intermitente o soñar ser una observadora privilegiada que no es afectada ni por la enfermedad ni por la aflicción. Estar y no estar, a voluntad, para evadir el sufrimiento y para tener un poder omnipotente sobre sí, sobre el entorno. Dominar el espacio y el tiempo y ser eternamente feliz, ser sin pena y sin fin frente a lo temporal, en oposición al dolor.

Saturarse de placer, de constante y plena satisfacción, sentir mucha alegría y saciarse de belleza, embriagarse, saborear alimentos dulces y deliciosos: vivir extasiada y que la vida sea un orgasmo incesante que culmine cada tres horas. Desear todo esto pero conformarse con tener algo de fuerza para tomar distancia de los hechos, de todos los hechos, y que sea suficiente, que sea un logro, aceptar las cosas tal y como son.

Comprender lo que hay, sin ser engullida por una profunda tristeza, sin ser abatida por la descomunal fuerza de la realidad, tan tremendamente real.

Desprenderse de las palabras que sentencian lo que pasa desde la falta de conocimiento de lo que pasa, abandonando adjetivos como justo o injusto para catalogar una nada eterna o un todo transitorio. Si todo es temporal, si todo es nada porque lo será ¿No es absurdo que la nada o los fenómenos temporales valoren la nada o a los fenómenos temporales?

En el instante, en la sucesión de instantes, el tiempo transforma lo percibido en irrelevante porque se manifiesta y es, todo lo que puede ser, hasta dejar de ser bueno y malo; el tiempo relativiza y a cada categoría le muestra su opuesto y nos demuestra que existen y son hechos que se suceden sin más.

El instante va tejiendo y va haciendo guiñapos lo real y lo imaginado por lo real. La fuerza de los hechos hace oscilar el inmenso ser que lo conforma todo, hasta la nada; hace oscilar al ser siendo un vacío por el que transcurren, como un destello perdurable, lo humano, lo inerte y los eventos que vienen desde el origen, desde antes del hombre y desde el hombre. Piedras de las que nace historia y que avanzan y son el futuro en el que la Tierra gira inerte y sola, junto a más piedras, que seguirán orbitando, alrededor de una luz moribunda, y que tuvieron un nombre y, tal vez, vida y consciencia.

Es lunes, 4 de noviembre del año 2019, el reloj marca las 19:34 horas y es necesario descansar y, por un rato, no tener consciencia ni sentir pesar y evadirse para volver nuevamente mañana a mirar el mundo, desde una situación confortable, para evaluar lo que se observa desde la ignorancia. ¿Por qué existe y qué sentido tiene ser consciencia que estará solo un instante sobre esta vieja roca?

Rayo detenido, fuego que no se propaga. Una luz al azar que nace y que se extingue en una roca aislada.

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